La arquitectura flexible nace en la participación: Óscar Hagerman
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La arquitectura flexible nace en la participación: Óscar Hagerman
Para que la construcción de viviendas sea un servicio social, hace falta que las personas hablen y los arquitectos escuchen. Esa es la invitación que hizo en su visita al ITESO quien es considerado referente de la arquitectura rural en México.
Ximena Torres
En México 23.4 por ciento de las personas viven en condiciones de rezago habitacional. De acuerdo con la Comisión Nacional de Vivienda eso significa que sus hogares están construidos con materiales precarios, no tienen escusados o experimentan hacinamiento. En ese contexto, el arquitecto Óscar Hagerman se pregunta, ¿si tantas casas son de quienes viven con más carencias económicas, por qué hay tantos arquitectos que solo trabajan con los ricos?
Él es la excepción, pues ha pasado su vida profesional practicando la arquitectura como una carrera de servicio en las comunidades rurales e indígenas de diferentes partes de México. Por mencionar algunos casos, en la Sierra Norte de Puebla y en la Sierra Wixárika construyó centros escolares y en Valle de Bravo participó en el proyecto de la Universidad del Medio Ambiente.
A sus 90 años, el referente en arquitectura colaborativa regaló a la comunidad universitaria del ITESO una visita en la que recordó que no basta hacer un cuarto y un techo para ofrecer una vivienda digna. Más que cualquier solución estructural o de diseño, aquello que da los mejores resultados es la participación de las personas que habitarán los proyectos arquitectónicos.
“(Los proyectos) no se hacen para que luzca el arquitecto. Los pensamos como arte, pero no es arte nada más. Al cliente no le importa que su casa sea una obra de arte si no cumple con sus necesidades”, dijo Hagerman.
Durante la conferencia “La arquitectura flexible”, que ofreció el 8 de abril, también habló de los muebles que se ha dedicado a construir en la última etapa de su carrera y que se han comercializado en diferentes partes del mundo. El más destacado es la silla Arrullo, que diseñó en colaboración con artesanos de Ciudad Nezahualcóyotl, en el Estado de México. En creaciones como esa, su prioridad es la comodidad. Cuando esa característica se encuentra con el trabajo hecho con cariño, los objetos funcionan, aseguró.
Preguntar antes de diseñar
Hacer que una casa sea resistente y se mantenga de pie durante varias generaciones parece contradecir el principio de la flexibilidad. Con 60 años de trayectoria, Hagerman ha comprobado que no es así, pues cuando impulsa este valor se refiere a la capacidad de adaptarse a los deseos de los clientes para que “no solo el arquitecto hable” en el proyecto, sino también la gente.
La metodología es sencilla: preguntar antes de diseñar. Como pista adicional, el arquitecto sostiene que una de las mejores soluciones son los patios interiores. Alrededor de ellos los límites para integrar los edificios con el entorno se desdibujan. Por eso arquitectos de todo el mundo recurren a sus bondades. Le Corbusier lo hizo en el Convento de Santa María de La Tourette, el finlandés Alvar Aalto en la casa experimental Muuratsalo y el español José Luis Benlliure en el Conjunto Aristos de la Ciudad de México. Todo ellos impulsaron a Hagerman y la participación de la gente con la que trabajó en los pueblos le confirmó el camino.
Lo difícil de esta metodología es enfrentar los estigmas de lo que se considera “mala arquitectura”, muchas veces relacionada con los materiales naturales. Un ejemplo es la experiencia que Hagerman tuvo durante la construcción de las tres primeras aulas del Instituto Superior Intercultural Ayuuk en Jaltepec, Oaxaca.
En la conferencia, Dora María Ruiz, psicóloga y esposa del arquitecto, contó sobre ese proyecto: “Óscar suele sentarse con la comunidad para preguntarles qué quieren y ellos dijeron que querían participar, pero la única manera en la que podían hacerlo era con los techos. Entonces los hicieron de palma, pero a la Secretaría de Educación le pareció que eso no era un aula y amenazó a la escuela con quitarles el certificado. Todos los que donaron sus palmas se llevaron la estructura fuera de la escuela y dijeron ‘aquí vamos a dar clases nosotros’”.
En el contexto urbano hay otros retos, pues los terrenos que las personas poseen son más pequeños y muchas casas se construyen en serie. En ese caso, la alternativa es permitir que cada familia tome decisiones para terminar la construcción de su vivienda, aunque el resto de la casa siga el modelo de construcción masiva. Así se evitan desarrollos de casas inútiles, como aquellas en Yucatán en las que no cabe una hamaca extendida para que la gente duerma o en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, donde los recursos para completar los proyectos fueron insuficientes y provocaron uno de los casos más representativos de abandono habitacional.
Hagerman terminó su intervención, no sin antes invitar a los estudiantes de arquitectura a encontrar nuevas formas de hacer su trabajo para apoyar a quienes viven en condiciones de mayor precariedad. Su conferencia se realizó como parte del programa de la exposición Lugar. Transformar la materia, en la Galería Universitaria, enmarcada en el Segundo Encuentro Internacional de Construcción con Tierra y Materiales Naturales.
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