Expone avances tecnológicos de la neurociencia y psicología
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Expone avances tecnológicos de la neurociencia y psicología
El desarrollo tecnológico aumentó los alcances de la psicofisiología y la neurociencia aplicadas. Durante la Semana del Cerebro en el ITESO, Fernando Alcaraz expuso las implicaciones científicas, formativas y éticas de este cambio acelerado.
Diana Alonso
Los años noventa fueron nombrados como “la década del cerebro”, un periodo en el que se aprendió más sobre este órgano que en toda la historia documentada. En aquel entonces no se pronosticaban los grandes avances tecnológicos que traería el cambio de siglo, los cuales permitieron multiplicar exponencialmente aquel conocimiento. “Más o menos cada seis años este volumen de conocimiento se duplica”, señaló Fernando Alcaraz Mendoza, psicólogo e investigador con orientación en neurofisiología y conducta, durante la conferencia “Avances tecnológicos y sus aplicaciones en Neurociencias y Psicología”, impartida en el ITESO.
Alcaraz retomó un informe en el que se estimaron cuántas horas se necesitarían para leer los resúmenes de los artículos sobre neurociencia publicados al día: “requeriría 28 horas de lectura continua”. Esta cifra ilustra la magnitud del crecimiento de los estudios en esta área y la necesidad de una actualización permanente para comprender cómo la tecnología redefine lo que puede medirse, analizarse y aplicarse en la psicología.
Dispositivos actuales realizan en tiempo real cálculos que antes dependían de supercomputadoras. Esto ha permitido sofisticar métodos como el análisis de actividad eléctrica cerebral y herramientas como la tomografía electromagnética de baja resolución (Loreta, por su acrónimo en inglés), que es una “triangulación vectorial de la actividad eléctrica cerebral que genera un modelo tridimensional del cerebro”, identifica redes neuronales asociadas con trastornos y permite intervenciones más precisas.
Hace algunas décadas, equipos ruidosos que pesaban decenas de kilos o requerían cuartos climatizados hoy caben en la palma de la mano. Las herramientas ahora accesibles, aunque aún con costos elevados para la práctica privada, conviven con tecnologías de alta especialización, como la resonancia magnética funcional, cuyos equipos más potentes a nivel mundial alcanzan los 80 teslas (unidad que mide la intensidad del magnetismo), frente a los cinco teslas de los equipos que comúnmente se encuentran en México.
La expansión tecnológica también ha impulsado nuevas aplicaciones clínicas. La neurorretroalimentación, por ejemplo, registra la actividad cerebral en tiempo real para exponer al paciente a experiencias sensoriales que regulen las ondas cerebrales. “Si esto se logra, hay buenas probabilidades de que los problemas asociados con alteraciones en la dinámica cerebral se reduzcan”, indicó. Aunque no iguala el efecto de ciertos fármacos, ofrece alternativas sin sus efectos secundarios y con impacto a largo plazo.
Otras innovaciones, como las interfaces cerebro-computadora, han ampliado la autonomía de personas con tetraplejia, permitiendo escribir o manejar una silla eléctrica mediante la dinámica cerebral. Los avances algorítmicos han reducido protocolos de entrenamiento de 120 a 20 sesiones. Sorprendido, Alcaraz contó su experiencia en el congreso Society for Neuroscience (SfN), en el que se presentó un software de realidad virtual para resonadores magnéticos de alta capacidad: “Hacía que el investigador literalmente se viera dentro del cerebro”.
Esta sofisticación exige nuevas competencias. Subrayó la necesidad de una formación interdisciplinaria que incluya inglés, matemáticas, neurofisiología y nociones de programación, indispensables para interpretar señales, entender modelos y participar en contextos clínicos o de laboratorio.
Los métodos disponibles permiten observar la actividad cerebral con mayor resolución y orientar intervenciones más específicas. Alcaraz advirtió que “una sola técnica no es terapia” y que su función es potenciar un proceso clínico, no reemplazarlo.
Junto con las posibilidades, emergen riesgos. El uso de mediciones fisiológicas en neuromarketing, la manipulación de patrones de compra, la vigilancia, los algoritmos de redes y dispositivos que monitorean emociones en tiempo real plantean dilemas que se enfrentan con los pilares de la neuroética: no maleficencia, beneficencia, libre albedrío y justicia. Esto obliga a establecer límites, regulaciones y marcos de aplicación responsables. “Los criterios éticos, de pronto, no son los que imperan en nuestros modelos económicos actuales”, aseguró.
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